Relatoría de la sesión: Continuación del primer encuentro del Grupo de trabajo y publicación de Agitación científica. 28 de enero de 2026, Bilblioteca (CAAC), Sevilla
Introducción de la sesión
Desde el equipo de acompañamiento planteamos la segunda jornada del encuentro como una continuación directa de la sesión anterior, desplazando el foco desde la presentación de los proyectos hacia un espacio de elaboración colectiva. Si el primer día nos permitimos trazar una cartografía inicial de prácticas, orientamos esta sesión a identificar los marcos comunes que atraviesan dichas prácticas, haciendo visibles los retos estructurales que enfrentan.
El grupo avanza así desde el reconocimiento de experiencias situadas hacia la formulación de una posición compartida frente a las instituciones y modelos tradicionales de producción de conocimiento. En este tránsito, se consolidan una serie de ejes que no solo afectan a las metodologías de trabajo, sino que definen una postura ética y política en la intersección entre arte, ciencia y territorio.

Debate colectivo: hacia un mapa de retos compartidos
A lo largo de la sesión, el diálogo se articula en torno a una serie de tensiones transversales que emergen de los proyectos, configurando un mapa de retos que pone en relación prácticas diversas.
Subversión de la jerarquía de poder y descentralización del conocimiento
Uno de los ejes centrales es el cuestionamiento de la figura de la persona experta y de las jerarquías tradicionales entre quien investiga y quien es investigada/o/e. Frente a modelos donde el conocimiento se produce de manera unidireccional, se plantea la necesidad de construir relaciones horizontales, donde la experiencia situada adquiere centralidad.
Aparece con fuerza la idea de la persona “investigadora investigada”, que introduce una inversión de la mirada: las personas participantes —ya sean pacientes, adolescentes o comunidades rurales— no solo forman parte del proceso, sino que tienen la capacidad de cuestionar y reorientar los marcos desde los que se investiga.
En este contexto, se refuerza el papel de los espacios de apoyo mutuo como estructuras que permiten sostener estas relaciones, desplazando la lógica del caso de estudio hacia formas de colaboración basadas en la confianza y la corresponsabilidad. La legitimidad del conocimiento se sitúa así en la experiencia compartida, más que en su validación institucional.
Ética de la investigación, no-extractivismo y justicia territorial
De manera transversal, se expresa una preocupación por evitar dinámicas extractivas en el trabajo con territorios y comunidades. Se señala el riesgo de que los proyectos operen como dispositivos de extracción simbólica o material, donde el conocimiento generado se desplaza hacia circuitos académicos o culturales sin retornar a los contextos de origen.
Frente a ello, se plantea el imperativo de un “retorno del conocimiento”, entendido como la necesidad de que los materiales producidos vuelvan al territorio en formas accesibles y útiles. Este retorno no se limita a la difusión, sino que implica pensar desde el inicio en formatos que puedan ser apropiados por las propias comunidades.
Se introduce también una crítica a la deshumanización que puede producirse en los procesos de investigación, señalando la importancia de transformar los espacios de trabajo en contextos de convivencia, donde todos los agentes implicados asumen riesgos y responsabilidades compartidas.
La tensión entre lo público, la vulnerabilidad y la memoria
Otro de los debates clave se sitúa en la gestión de la información sensible, especialmente en proyectos que trabajan con contextos de vulnerabilidad.
Se plantea la necesidad de encontrar un equilibrio entre la visibilización de problemáticas sociales y la protección de la intimidad de las personas participantes. La producción de narrativas no puede implicar una exposición que reproduzca dinámicas de violencia o estigmatización.
En este marco, emergen prácticas vinculadas a la memoria colectiva, entendidas no como archivo pasivo, sino como herramienta de restitución. La recuperación y activación de materiales —fotografías, relatos, registros— se plantea como una forma de devolver a las comunidades la capacidad de narrar su propia historia, frente a procesos de borrado o desplazamiento.
Materialización y formatos: la necesidad de “aterrizar”
En continuidad con las reflexiones del día anterior, la sesión profundiza en la importancia de traducir los procesos en formas materiales. Frente a la circulación digital y efímera, se reivindica el valor de los objetos físicos como dispositivos que permiten anclar el conocimiento en el territorio.
El libro-objeto y la dimensión táctil
Se plantea la posibilidad de trabajar con formatos editoriales que trasciendan la lógica del documento, incorporando dimensiones sensoriales y performativas. Surgen propuestas vinculadas a libros desplegables o estructuras que requieren la interacción de la persona lectora, generando una relación más activa con el contenido.
La materialidad aparece también como un gesto de reconocimiento: producir objetos cuidados y accesibles se entiende como una forma de devolver valor a las experiencias compartidas durante los procesos.
El manual como dispositivo abierto
Se retoma la idea del manual, ya presente en algunos proyectos, pero desplazándola hacia formas no normativas. Más que instruir, estos “no-manuales” funcionan como cartografías abiertas que invitan a la experimentación.
En este sentido, se subraya la importancia de la accesibilidad, no solo en términos de distribución, sino también en relación con la experiencia de uso. Los materiales deben poder ser activados desde distintas corporalidades, contextos y niveles de experiencia, evitando convertirse en objetos cerrados o especializados.
Cierre: hacia una práctica de agitación científica
La sesión concluye con una reformulación compartida del concepto de “agitación científica”. Este se entiende no como un campo disciplinar, sino como una práctica que busca desestabilizar las estructuras que determinan qué conocimientos son legítimos y cuáles quedan fuera.
Aparece la idea de operar como una “fisura” dentro de los sistemas existentes, introduciendo otras formas de hacer, de pensar y de relacionarse.
En este sentido, aunque los proyectos se sitúan fundamentalmente como dispositivos que abren preguntas, generan fricciones y desplazan marcos establecidos, desde el equipo de acompañamiento se subraya la importancia de articular también formas de respuesta. No como soluciones cerradas, sino como propuestas transferibles —recetas, protocolos, instrucciones o herramientas— que puedan ser activadas en otros contextos y por otras personas.
En coherencia con esta orientación, se comparten una serie de referencias, experiencias y marcos conceptuales —procedentes de ámbitos artísticos, científicos y filosóficos, en formatos textuales, sonoros y audiovisuales— que amplían y complejizan las líneas de trabajo abiertas durante las sesiones.
Junto a estas referencias, se presentan también recursos específicos disponibles en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (biblioteca) y en la UNIA (colección bibliográfica vinculada a Agitación científica), entendidos como materiales de apoyo que permiten sostener y profundizar las investigaciones en curso.
Todo ello se articula como parte de la invitación dirigida a los proyectos a continuar desarrollando su trabajo entre sesiones. Más que abrir nuevas preguntas, se propone avanzar hacia la formalización de propuestas, desde aproximaciones diversas propias de la investigación artística, que puedan ir tomando forma de cara a la publicación colectiva.
En este marco, la publicación comienza a perfilarse no solo como un resultado final, sino como un dispositivo capaz de recoger, traducir y activar los procesos desarrollados por el grupo.
Finalmente, se traza una hoja de ruta que marca el inicio de esta nueva fase de indagación y formalización, estableciendo un horizonte de trabajo común hasta el próximo encuentro en marzo.

*Autoría de las fotos: Guillermo Marrufo para Tekeando